Aunque todos conocemos el significado de “pupila”, quizás no sabríamos decir de dónde proviene esta palabra.

Si miramos a alguien a los ojos, veremos nuestro propio reflejo en el centro de sus ojos (aunque en forma invertida). Este reflejo está en realidad en la córnea, pero parece localizarse en el centro del iris.

Los romanos nombraron a este reflejo “muñequita” o “pupilla”, que en español tiene además el significado de alumno/a (“pupilo/a”). Muchos otros idiomas heredaron esta palabra del latín (“pupil” en inglés -que también significa alumno- o “pupille” en francés y alemán).

En español también usamos la palabra “niña” (“la niña del ojo”) como sinónimo de pupila, también debido a que vemos esa muñeca en el ojo de los demás.

La pupila es un orificio en el iris, al igual que el agujero de un donut, que deja pasar la luz para que alcance la retina, donde se convertirá en impulsos eléctricos hacia el cerebro. La pupila se abre y se cierra en función de la cantidad de luz del ambiente, aunque también puede cambiar de tamaño en función de otros factores como emoción, fármacos o enfermedades.

Las personas con las pupilas grandes suelen sufrir fotofobia (molestias con la luz) y además salen en las fotos con los ojos rojos. Esto se debe a que la pupila normalmente es negra porque la luz que entra en el ojo apenas sale afuera. Sin embargo, si la pupila es muy grande, la luz reflejada en la retina (que es de color naranja intenso) sale afuera y determina el efecto de “ojos rojos”: la luz del flash penetra a través de la pupila dilatada, y a la pupila no le da tiempo a contraerse por lo que la luz escapa y se refleja en la fotografía. Algunas máquinas emiten un doble flash para que dé tiempo a que la pupila se cierre.